Un buen hombre: cuando contar una historia consigue implicar a todo un pueblo

Hay una frase de la noticia que publicó Diario de Ávila sobre Un buen hombre que resume bastante bien lo que queremos hacer:

“Una historia local, escrita por un vecino, interpretada por vecinos y creada para emocionar a quienes comparten este territorio.”

Y probablemente ahí esté todo.

Porque Un buen hombre es un cortometraje. Sí. Pero para nosotros ha terminado siendo algo bastante más grande.

Todo empezó con una historia real

Pablo Dato nos contó una experiencia que había vivido durante su etapa en Madrid.

Una de esas historias que empiezan con algo aparentemente insignificante y terminan demostrando lo fácil que resulta construir una opinión sobre alguien sin conocer toda la verdad.

Nos gustó precisamente por eso.

Porque todos lo hemos hecho alguna vez.

Escuchamos una parte.

Alguien nos cuenta otra.

Completamos lo que falta por nuestra cuenta.

Y cuando queremos darnos cuenta, hemos construido una historia entera sobre una persona que quizá ni siquiera conocemos.

De ahí nació Un buen hombre.

Cogimos el relato escrito por Pablo y comenzamos a transformarlo en un guion cinematográfico con una idea muy clara detrás:

A veces no hace falta mentir para cambiar la verdad. Basta con contar solamente una parte.

Después pasó algo todavía mejor

Necesitábamos actores.

Y en lugar de buscarlos lejos, miramos alrededor.

Pepi.

Capi.

Andrea.

Rosa.

Amanda.

Ian.

El propio Pablo.

Vecinos que fueron apareciendo durante las jornadas de grabación.

Incluso la Policía Local terminó formando parte del proyecto facilitándonos un vehículo para algunas escenas.

Personas que, en muchos casos, jamás se habían puesto delante de una cámara para interpretar un personaje terminaron formando parte de un cortometraje.

Y ahí ocurrió algo que para nosotros tiene incluso más valor que el resultado final.

El corto empezó a dejar de ser nuestro.

Empezó a ser un poquito de todos.

Eso también es hacer cultura en un pueblo

Estamos acostumbrados a pensar en la cultura como algo que viene de fuera.

Un espectáculo que contratamos.

Una película que vemos.

Un artista que visita nuestro municipio.

Pero existe otra forma de entenderla.

Crear nosotros.

Participar nosotros.

Contar nuestras historias.

Y conseguir que un vecino que un día estaba tomando tranquilamente un café termine semanas después sentado en el Castillo de La Adrada viendo su cara en una pantalla gigante.

Eso ocurrió el 17 de julio, durante la primera edición de Noche Fugaz, cuando estrenamos Un buen hombre en el Castillo de La Adrada.

Y mirar alrededor durante aquella proyección fue probablemente una de las mejores partes de todo el proyecto.

Porque nosotros conocíamos las horas de grabación.

Las tomas repetidas.

Los errores.

Las improvisaciones.

Las personas que habían ayudado.

Las anécdotas que habían ocurrido detrás de cada escena.

Pero aquella noche todo eso dejó de ser un rodaje.

Se convirtió en una experiencia compartida.

El audiovisual como excusa para juntarnos

Diario de Ávila recogía algo que llevamos tiempo intentando explicar sobre nuestra manera de entender Intelitietar:

vemos el audiovisual como una herramienta para generar comunidad.

Una cámara puede servir para hacer un vídeo bonito.

Pero también puede servir para sentar a varias personas alrededor de una idea.

Para conseguir que alguien pruebe algo que jamás había hecho.

Para descubrir historias.

Para hablar de temas incómodos.

Para provocar conversaciones.

Y, sobre todo, para hacer cosas juntos.

Quizá por eso nuestra mayor satisfacción con Un buen hombre no está solamente en haber terminado otro cortometraje.

Está en las caras de quienes participaron cuando se vieron por primera vez en pantalla.

Ahí entendimos que esto tenía sentido.

De “¿Cuándo cerramos?” a “Un buen hombre”

Este es nuestro segundo cortometraje.

Con ¿Cuándo cerramos? quisimos hablar del comercio local y de algo que conocemos demasiado bien en nuestros pueblos: qué ocurre cuando baja definitivamente la persiana de un negocio.

Porque detrás de ese cierre desaparece mucho más que un establecimiento.

Con Un buen hombre queríamos mirar hacia otro sitio.

Los prejuicios.

Los rumores.

La facilidad con la que construimos nuestra propia versión de las personas.

Dos historias completamente diferentes.

Pero las dos nacidas del mismo lugar:

cosas que pasan alrededor de nosotros y que merece la pena contar.

Y ahora empieza Cultura Tiétar

Además, Un buen hombre tiene para nosotros otro significado especial.

Ha sido la primera coproducción entre Intelitietar y Cocina Cultura, dos proyectos que hemos decidido unir también para poner en marcha la Asociación Cultural Cultura Tiétar.

Y este cortometraje se ha convertido prácticamente en nuestra declaración de intenciones.

Queremos utilizar la cultura y el audiovisual para dinamizar nuestros pueblos.

Queremos descubrir historias.

Queremos involucrar a sus vecinos.

Queremos crear cosas aquí.

Y queremos demostrar que para encontrar buenas historias no siempre hace falta mirar hacia las grandes ciudades.

A veces basta con escuchar a la persona que tienes sentada al lado.

Producto local. También cuando hablamos de cultura.

Hay algo que dijimos a Diario de Ávila y que seguimos pensando después de todo lo vivido:

Un buen hombre está hecho al cien por cien con producto local.

La historia nació aquí.

La escribió un vecino.

Los personajes los interpretaron nuestros vecinos.

Se rodó íntegramente en La Adrada.

Y terminó proyectándose en nuestro castillo delante de nuestra gente.

Puede que dentro de unos años recordemos si el corto tuvo muchas o pocas reproducciones.

Pero seguramente recordaremos mucho más otra cosa.

A Pablo interpretándose a sí mismo.

A nuestros vecinos descubriéndose en una pantalla.

Las risas durante las grabaciones.

Los problemas que tuvimos que solucionar sobre la marcha.

Y ese momento en el que miramos alrededor durante el estreno y entendimos que aquello ya pertenecía un poquito a todos.

Porque quizá dinamizar nuestros pueblos también sea esto.

Darles motivos para juntarse, crear y tener nuevas historias que contar.

Y nosotros queremos seguir buscándolas.

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