Carmelo: cuando el campo te enseña que siempre hay que volver a empezar

Hay una frase de Carmelo que podría resumir buena parte de la conversación que tuvimos con él:

“Nunca hemos querido ser la España vaciada. No seamos ahora la España abandonada.”

Pero para entender de verdad esa frase hay que escuchar todo lo que hay detrás.

Fuimos a Piedralaves para hablar con Carmelo, ganadero y agricultor, y conocer cómo el incendio ha afectado a alguien cuya vida está directamente ligada a la tierra y a sus animales.

Y descubrimos algo importante: un incendio no termina donde terminan las llamas, las consecuencias que tampoco salen en las fotografías

Carmelo nos enseñó sus cerdas, allí el fuego no quemó ninguna instalación ni acabó directamente con sus animales. Si midiéramos las consecuencias únicamente contando aquello que ha ardido, podríamos decir que tuvo suerte. Pero una de sus cerdas perdió el celo. Los animales también han vivido el estrés de aquellos días, el humo, el calor, el movimiento y todo lo que supone una situación así. Es una consecuencia pequeña frente a la magnitud de un incendio, pero precisamente por eso merece ser contada, porque detrás de las hectáreas quemadas existen muchas otras consecuencias difíciles de medir.

Y después nos llevó hasta su olivar. Ahí las llamas sí habían pasado.

“Este incendio ha adelantado el abandono agrario una generación”. Quizá esta sea una de las reflexiones más duras que nos dejó Carmelo. Su olivar no era simplemente un conjunto de árboles, era algo heredado, una parte de esa agricultura tradicional que durante generaciones ha construido nuestro paisaje mientras permitía vivir a muchas familias de nuestros pueblos.

Ahora muchos propietarios tendrán que tomar una decisión: volver a plantar o dejarlo. Y Carmelo cree que, ante la falta de apoyo que perciben los olivareros, muchos elegirán lo segundo.

Él mismo nos reconoce que no repoblará lo perdido. Seguirá cuidando los olivos que puedan salir adelante mientras pueda hacerlo, pero empezar otra vez desde cero es otra historia.

Y ahí aparece una consecuencia del incendio mucho más difícil de recuperar que un árbol: el relevo.

Porque cuando alguien decide no volver a plantar, quizá lo que desaparece no sea solamente el olivar actual. También desaparece el olivar que algún día habría heredado la siguiente generación y poco a poco el paisaje cambia. El campo lleva toda la vida aprendiendo a levantarse.

Sin embargo, hablar con Carmelo no fue solamente hablar de pérdidas, también fue hablar de una forma muy particular de enfrentarse a ellas. Quienes trabajan en agricultura y ganadería saben perfectamente que su trabajo nunca ha dependido únicamente de ellos. Una helada, una sequía, una mala cosecha, una enfermedad entre los animales y ahora, un incendio.

Puedes trabajar durante meses y que algo que no controlas cambie completamente tus planes, por eso existe una mentalidad muy arraigada en el campo que quizá ahora deberíamos escuchar más.

Adaptarse. Reinventarse. Y seguir.

No porque duela menos, ni porque las pérdidas importen menos, sino porque el agricultor y el ganadero saben que después de una mala temporada habrá que volver a levantarse para preparar la siguiente.

Ahora también toca cuidar a quienes siempre han cuidado

Carmelo también nos habló de algo todavía más difícil de fotografiar. De personas afectadas emocionalmente después del incendio. De situaciones de depresión y de la necesidad de conocer hasta qué punto todo lo vivido está afectando a quienes están detrás de las explotaciones, los negocios y las familias del Valle.

Carmelo reclama ayuda en todos los ámbitos: agricultura y ganadería, pero también educación, sanidad, infraestructuras y todo aquello que permita que vivir en nuestros pueblos siga siendo una opción de futuro.

Y quizá ahí está la reflexión más importante que nos llevamos después de pasar un rato con él.

Durante años hemos hablado de la España vaciada, de despoblación, de falta de oportunidades, de mantener vivos nuestros pueblos.

Ahora tenemos delante un territorio golpeado que necesita precisamente lo contrario al abandono.

Necesita atención, inversión, personas dispuestas a continuar y necesita que escuchemos especialmente a quienes llevan toda una vida haciéndolo.

Personas como Carmelo, porque quizá el campo tenga ahora mismo muchas heridas, pero también guarda algo que vamos a necesitar muchísimo para recuperarnos: la costumbre de volver a empezar.

“Nunca hemos querido ser la España vaciada. No seamos ahora la España abandonada.”

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