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Pablo, el pastor que nació entre cabras

Hay profesiones con las que simplemente se nace. Después de compartir una jornada con Pablo, el pastor de Casillas, entendimos perfectamente a qué se refería cuando, con total naturalidad, nos dijo: «Yo nací pastoreando y moriré pastoreando.» No sonaba a una frase bonita ni a una respuesta preparada. Era la forma más sencilla de resumir una vida entera dedicada a cuidar de sus cabras y de una tradición que, poco a poco, va desapareciendo.
Pablo empezó a pastorear con apenas nueve años. Desde entonces han pasado décadas, pero su rutina apenas ha cambiado. Cada mañana saca al monte unas doscientas cabras y recorre caminos que conoce mejor que nadie. Caminos que para él forman parte de su día a día, pero que para nosotros supusieron una auténtica prueba física. Acabamos con las piernas cargadas, el cuerpo cansado y unas agujetas que nos acompañaron varios días, mientras él seguía caminando con la misma tranquilidad de quien lleva toda una vida haciéndolo. Y es que llegamos hasta donde ya ni siquiera quedan árboles, a esas zonas altas de la montaña donde el paisaje cambia por completo y el silencio solo lo rompen los cencerros del rebaño.
Durante todo el recorrido nos llamó la atención la sencillez con la que vive el pastoreo. A media subida hizo una pequeña parada para beber agua en un pilón, y nos explicó que, más arriba, aprovecha alguna fuente natural que conoce desde hace años. No hay mochilas llenas de comida, ni largas pausas para descansar. De hecho, mientras las cabras seguían pastando, sacó dos huevos cocidos que llevaba guardados en el bolsillo de la camisa. Ese era todo su almuerzo antes de continuar la jornada. Una escena tan cotidiana para él como sorprendente para quienes estamos acostumbrados a otro ritmo de vida.
Pero si hubo algo que realmente nos dejó impresionados fue descubrir la relación que mantiene con su rebaño. Pablo tiene alrededor de doscientas cabras y conoce el nombre de absolutamente todas. No exageramos. Todas tienen su nombre y todas responden cuando él las llama. Ver esa conexión hace que uno deje de pensar en un rebaño para empezar a entender que, para él, cada animal tiene su propia identidad. No habla de números, habla de compañeras de camino a las que lleva cuidando durante años.
Ese momento nos hizo reflexionar sobre el enorme valor que tiene el pastoreo. Muchas veces pensamos únicamente en la leche o en el queso que producen las cabras, pero detrás de todo eso hay una labor imprescindible para nuestros montes. Los pastores ayudan a mantener limpio el terreno, reducen el riesgo de incendios, conservan caminos y mantienen vivo un oficio que forma parte de la historia de nuestros pueblos. Sin ellos, el paisaje que conocemos sería muy diferente.
En Intelitietar siempre decimos que nos gusta contar historias que merecen ser escuchadas, y la de Pablo es una de ellas. Porque detrás de cada rebaño hay mucho más que animales; hay sacrificio, constancia, conocimiento y una forma de entender la vida que no debería perderse. Pasar un día con él nos recordó que todavía existen personas capaces de dedicar toda una vida a un mismo oficio, no por obligación, sino por verdadera vocación.
Nos fuimos de la montaña con las botas llenas de polvo, el cuerpo agotado y la sensación de haber aprendido mucho más de lo que esperábamos. A veces pensamos que las mejores historias están muy lejos, cuando en realidad basta con acercarse a un pueblo como Casillas y caminar durante unas horas junto a un pastor que, después de toda una vida entre cabras, sigue disfrutando de cada jornada como el primer día. Y quizá esa sea la mayor lección que nos llevamos: hay trabajos que se hacen con el corazón.

orgullosa de mi padre, gracias por compartir su historia
Si hubiera mas gente como Pablo, gente de campo de verdad, y el resto de la sociedad valorásemos más a ganaderos y agricultores, a maestros y gente con oficios que son de verdad esenciales, otro gallo nis cantaría y muchos menos incendios tendríamos. El campo, como el mar, se merecen a gente como Pablo.
Aquí estamos las dos muy emocionada leyendo este hermoso relato.
que Angelita lo ha vivido y a mi me ha encantado. gracias.
Me encanta la historia muy bonita, pero creo que falta algo, no se hace mención a su pareja,(a su mujer y sus hijos )creo que también es un pilar muy importante de esa vida.
No es así Pablo? 🥰😘